El legado imborrable y el poder psicológico de las mujeres en la abogacía
[Columna: «Sabes que…»]
Agosto ya corre en el calendario. Las agendas avanzan, los días se acumulan y el mes pasado parece haber quedado muy atrás. Sin embargo, hagamos una pausa y un ejercicio de memoria: el 12 de julio conmemoramos el Día del Abogado y la Abogada en México.
Te hago una pregunta directa: ¿Felicitaste a tu abogada el mes pasado? ¿Le enviaste un mensaje a esa defensora que ha peleado por tu patrimonio, tu libertad o tu familia? ¿O simplemente se te olvidó y el día pasó desapercibido?
Si la fecha se te escapó, no te culpes del todo; históricamente, a la sociedad también le costó mucho trabajo recordar e incluir a las mujeres en los tribunales. Este mes de agosto es un excelente pretexto para resarcir ese olvido y reflexionar sobre el impacto invaluable de las mujeres que ejercen el derecho, quienes todos los días libran batallas legales en un sistema que de origen no fue diseñado para ellas.


Detengámonos un momento en la psicología de la defensa. Cuando tu vida, tus hijos, tu empresa o tu libertad penden de un hilo, el cerebro humano entra en estado de supervivencia. Buscamos seguridad absoluta.
Para el lector (hombre): A menudo, el instinto cultural nos empuja a buscar la figura del abogado agresivo, intimidante y de voz alzada, creyendo que la fuerza bruta gana los juicios. Sin embargo, la psicología jurídica moderna nos dice algo fascinante: los litigios más complejos se ganan con inteligencia emocional y lectura estratégica del entorno, áreas donde las mujeres son estadísticamente superiores. Tener a una abogada de tu lado significa contar con alguien que sabe desarmar al oponente sin necesidad de gritar. Ellas dominan el arte de la mediación táctica, saben leer las debilidades del juez o del Ministerio Público y desescalan conflictos que, en manos de egos masculinos desbordados, terminarían en desastre para ti. Al contratar a una abogada, no estás contratando solo conocimiento; estás contratando precisión psicológica.

Para la lectora (mujer): Piensa en lo que experimentas cuando te sientas frente a una abogada para contarle una injusticia, un divorcio difícil o un acto de violencia. Existe un fenómeno de empatía silenciosa y validación instantánea.
No tienes que sobreexplicar el miedo, la desventaja o la carga mental que vives, porque ella, desde su propia trinchera, ya lo entiende. Una abogada no solo te defiende jurídicamente; te escuda psicológicamente. Se convierte en el puente entre tu vulnerabilidad y tu empoderamiento, transformando tu miedo en una estrategia legal implacable.
La conquista de los estrados: Un breve análisis histórico
Llegar a este nivel de influencia requirió derrumbar muros de granito puro. Durante siglos, la abogacía fue un club estrictamente masculino, fundamentado en la falsa premisa de que las mujeres carecían de la «firmeza» para interpretar la ley.
La Pionera Mexicana: Es obligatorio honrar a María Asunción Sandoval de Zarco, quien en 1898 se convirtió en la primera mujer en México en obtener el título de abogada por la Escuela Nacional de Jurisprudencia. En pleno Porfiriato, donde el destino de la mujer estaba atado al espacio doméstico, ella abrió a empujones las puertas de los tribunales.
Las Constructoras de Instituciones: Mujeres como Clementina Batalla, feroz defensora de los derechos sociales, o figuras globales como Ruth Bader Ginsburg, demostraron que la ley podía ser la herramienta más sofisticada para desmantelar la discriminación institucionalizada.


El impacto tangible de la mujer defensora en el siglo XXI. El ingreso masivo de las mujeres a la abogacía no es sólo un triunfo de equidad estadística. Su impacto trae consigo beneficios directos para todos sus representados:
Perspectiva de género real: Esta capacidad analítica no significa «favorecer a la mujer sólo por ser mujer», sino entender los contextos de vulnerabilidad, lo cual beneficia a cualquier persona que se enfrente a un abuso de poder o a una autoridad arbitraria.
Resolución de conflictos multidimensional: Son estrategas que entienden que, muchas veces, un buen acuerdo firmado a tiempo previene años de desgaste emocional y quiebres financieros.
Resiliencia frente a la adversidad: Litigar siendo mujer todavía implica enfrentar micromachismos en ministerios públicos, aduanas de penales y juzgados. La abogada que te defiende hoy ha tenido que ser doblemente astuta y doblemente firme para ganar el respeto en su gremio. Esa resiliencia se traduce en un escudo de acero para tu caso.
NUNCA ES TARDE PARA EL RECONOCIMIENTO
Sabes que… Las abogadas de hoy son las herederas directas de aquellas pioneras. Son las mujeres que redactan amparos en la madrugada, las que se enfrentan a un sistema penitenciario hostil, las asesoras corporativas que blindan patrimonios y las juezas que equilibran la balanza con valentía.
Hacen muchísimo por la sociedad, defendiendo por igual a hombres y mujeres frente a la pesada maquinaria del Estado.
Así que, si aquel 12 de julio el ajetreo del día te hizo olvidar enviar ese mensaje de agradecimiento, no dejes que termine agosto sin hacerlo. Escríbele a tu abogada, a tu colega, a tu socia o a esa amiga que litiga. Reconoce su intelecto, su firmeza y su vocación inquebrantable.
Porque la justicia es ciega, pero quienes luchan por ella todos los días, rompiendo techos de cristal en cada audiencia, merecen ser vistas, respetadas y reconocidas.
Te invito a dejar tus comentarios y preguntas.

Raymundo Mayèn
Abogado.
Estratega jurídico, especialista en derecho constitucional y amparo, columnista con más de viente años de trayectoria en el ámbito legal y legislativo en México.



