El mejor regalo de una mamá consciente

Siembra y la huella que permanece.

Una madre no se mide por los regalos que da, ni por la casa que mantiene, ni por todo lo que logra hacer en un solo día. Una madre se mide en algo mucho más simple y mucho más profundo:

EN CÓMO LA RECUERDAN SUS HIJOS.

Y lo que recuerdan no es el almuerzo caliente, aunque importa. No es el uniforme planchado, aunque cuenta. Lo que recuerdan es si estuviste. Si cuando te buscaron, apareciste. Si cuando te necesitaron, no había nada más importante que ellos.

UN HIJO NO OLVIDA

Una Madre es un entorno seguro. Seguro para equivocarse sin miedo al rechazo. Seguro para preguntar sin temor a la burla. Seguro para sentir sin que nadie le diga que está exagerando.

Un entorno seguro no es una casa perfecta, ni una familia sin problemas. Es un lugar, físico y emocional, donde el hijo sabe que puede llegar como es: con sus miedos, con sus dudas, con sus sueños raros y sus preguntas sin fin. Y encontrar ahí a alguien que no lo juzga.

ESTE ESPACIO NO ES PERFECTO, PERO CON TU PRESENCIA ASÍ SE SIENTE. ESE LUGAR TIENE TU NOMBRE, MAMÁ.

No se construye con paredes impecables ni con todo resuelto. Se construye con algo mucho más simple y mucho más difícil al mismo tiempo: con estar. Con recibir a tu hijo de verdad cuando llega, no de cuerpo mientras la mente ya está en otro lado. Sino tú, entera, disponible, presente.

Porque con tu sola presencia el tiempo se detiene. No hay prisa, no hay ruido, no hay nada más importante que ese momento. Y en ese espacio que creas sin darte cuenta, se construye la relación más bonita que pueda existir.


CUANDO ESTÁS PARA TU HIJO EN CUERPO, MENTE Y ALMA, NADA FALTA. Y ESO SE SIENTE HASTA EN UN PLATO DE SOPA CALIENTE.

Lo que tus hijos van a recordar cuando sean grandes. Tu tiempo; los valores que les fomentaste aun sin tener ninguna preparación académica lo haces bien. El amor que diste hoy es el mundo que enfrentarán mañana Porque lo que un hijo recibe de su madre, lo repite con el mundo. Si recibió presencia, aprende a estar. Si recibió escucha, aprende a escuchar. Si recibió amor genuino, ese amor que se sienta a su lado, que pregunta cómo está y realmente espera la respuesta, aprende que vale. Que importa. Que merece ser elegido.
Un hijo que no fue visto aprende a hacerse invisible. O aprende a gritar de formas que no siempre reconocemos, buscando en otros lugares lo que necesitaba encontrar en casa.

PERO UN HIJO QUE FUE AMADO CON PRESENCIA, CON TIEMPO, CON ATENCIÓN REAL, ESE HIJO SABE CÓMO AMAR. SABE CÓMO TRATAR A LOS DEMÁS. SABE CÓMO PARARSE FIRME FRENTE AL MUNDO.

HAY COSAS QUE SOLO UNA MADRE PUEDE DAR

Cuando ese hijo sea adulto y tenga que elegir cómo amar, cómo relacionarse, cómo tratar a los suyos, va a abrir el archivo de lo que aprendió en casa.

¿Qué va encontrar ahí?
Tu voz. Tu forma de abrazar. La manera en que lo miraste cuando nadie más lo veía. Esa última vez que te pidió que lo cargaras, y tú lo cargaste, sin saber que sería la última.
Hay una última vez que un hijo te busca para dormir. Una última vez que te cuenta todo sin filtro. Una última vez que te elige a ti por encima de cualquier otra cosa. Llega un día en que crece y lo que queda, lo que nunca se va, es todo lo que sembraste en él cuando todavía lo llevabas de la mano.
Eso significas, mamá
Hay madres que ya no están en presencia física. Pero están en todo. Están en la forma en que sus hijos abrazan. En cómo eligen las palabras cuando alguien necesita ser consolado. En el valor que tienen para levantarse cuando la vida pesa. En la ternura que guardan para los momentos más difíciles.
Eso sembraste en mí, mamá.
No lo sabes, porque ya no estás aquí para verlo. Pero cada vez que actúo con amor, cuando me detengo a escuchar de verdad, cuando elijo la paciencia sobre el enojo, cuando cuido a los míos con todo lo que tengo, ahí estás tú.
Estás en mis modos. En mis valores. En mi manera de amar. En toda mi esencia.
Yo represento tu entrega. Cada cosa buena que soy, cada vez que doy sin esperar nada a cambio, cada momento en que elijo el amor sobre cualquier otra cosa, eso no es sólo mío. Es tuyo, mamá. Es lo que me dejaste.
Eso no muere. Eso no se va. Eso vive en mí, y vivirá en los que yo ame, y en los que ellos amen.
Gracias por sembrar tan bien.

Con amor eterno, tu hija. Rosy Nieto


Isabel Angélica Martínez Talamantes.

Especialidad: Sociedad.

Mis redes sociales:

Facebook; Angélica MT m

Instagram: Soy_angietal

Contacto: correo

17062005mt@gmail.com

Comparte este artículo:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Creemos en las historias que inspiran, en los proyectos que transforman y en las personas que entienden que el éxito verdadero se mide por el impacto que generan en otros.