Una reflexión pedagógica para este 10 de mayo
QUERIDA MAMÁ,
Permíteme dirigirme a ti con el respeto, la calidez y la profesionalidad que otorgan años acompañando procesos educativos y de crianza. Soy pedagoga especializada en desarrollo humano, y en este mes de mayo quiero hablarte directamente al corazón, como aliada que ha escuchado y acompañado a miles de madres en su día a día.
Tú ya eras una mujer extraordinaria mucho antes de que tu hijo llegara al mundo. Desde el instante en que decidiste ser madre, o incluso desde ese primer latido que sintió tu vientre, tu intuición comenzó a despertarse y a guiarte. Aunque nadie te lo enseñó formalmente, aunque la sociedad no siempre lo reconozca, tu sabiduría materna es profunda, biológicamente fundamentada y pedagógicamente valiosa.

LA MATRESCENCIA: UNA TRANSFORMACIÓN NATURAL Y PROFUNDA
La pedagogía contemporánea y la neurociencia del desarrollo nos enseñan que la maternidad representa una reconfiguración profunda de la identidad. Dana Raphael lo denominó matrescencia, y hoy investigadores como Aurélie Athan lo confirman con evidencia sólida: tu cerebro se reorganiza para fortalecer la conexión, la protección y el cuidado sensible. Esa intuición que te permite percibir las necesidades de tu hijo no es casualidad; es el resultado de un proceso extraordinario que te acompaña cada día y te hace más capaz.
Por eso, con total honestidad pedagógica, quiero recordarte algo esencial:


ES COMPLETAMENTE NORMAL NO ESTAR BIEN TODO EL TIEMPO.
Los momentos de agotamiento emocional, los pensamientos ambivalentes, la rabia pasajera o esa frase interna que puede asustarte (“hoy no quiero ser madre”) forman parte del proceso humano de la crianza. Estudios consolidados, como los de Abramowitz y colaboradores (2006), indican que la gran mayoría de las madres experimentan este tipo de pensamientos en algún momento. No te convierten en una mala madre. Al contrario: son señales de que estás profundamente involucrada en una de las tareas más exigentes y significativas de la vida.

EL NIÑO ES QUIEN SE CONSTRUYE A SÍ MISMO
Como señala con claridad Daniele Novara en su libro La mente del niño, retomando el legado de Maria Montessori: “El niño es el que construye a sí mismo”. Al final, con todo lo que tiene a su alcance, el niño elige qué integrar y qué camino tomar. Tu labor pedagógica no consiste en moldearlo perfectamente según un ideal, sino en ofrecerle el mejor ambiente posible, acompañarlo con amor incondicional, poner límites claros y respetuosos cuando sea necesario, y confiar en su proceso de construcción personal.

Donald Winnicott, referente clave en pediatría y psicoanálisis, nos regaló el concepto de la madre “suficientemente buena”: no se trata de ser perfecta, sino de responder con sensibilidad la mayor parte del tiempo, reparar cuando nos equivocamos y volver a intentarlo con amor. Esto coincide plenamente con la teoría del apego de John Bowlby: lo que realmente nutre a los hijos es tu presencia consistente y afectuosa.
Diana Baumrind, tras décadas de investigación rigurosa sobre estilos parentales, demostró que el estilo autoritativo —afecto cálido combinado con límites claros y respeto— es el que mejor favorece el desarrollo integral de los niños y jóvenes.

PRIORIZARTE ES PEDAGOGÍA RESPONSABLE
Aquí reside una de las lecciones más importantes que quiero dejarte este 10 de mayo:
Sólo desde tu propio bienestar puedes acompañar verdaderamente el desarrollo de tu hijo.
Cuidarte, descansar, pedir ayuda y recuperar espacios para ti misma no es egoísmo. Es una decisión pedagógica responsable. La evidencia en psicología del desarrollo es clara: madres que mantienen su equilibrio emocional crían hijos con mejor regulación afectiva, mayor resiliencia y apego seguro.
Aunque en algunos momentos tu pareja no comprenda del todo, aunque tus hijos aún no lo valoren, aunque el mundo solo celebre la maternidad un día al año… tú sigues adelante. Rompes ciclos dolorosos, aprendes de cada error, reparas y creces. En cada uno de esos pasos, tu intuición se afina y te fortalece como madre.
Está bien sentirte abrumada.
Está bien que el cansancio te rebase en ciertos días.
Está bien no estar bien todo el tiempo.
Lo que verdaderamente importa es que sigues eligiendo amar, aprender y educar con conciencia. Eso es lo que te convierte en una madre extraordinaria.
Este mes de mayo, más allá de cualquier gesto externo, mírate al espejo y reconócete con ternura y firmeza:
“Estoy realizando una de las labores más complejas y valiosas de la humanidad.”
Aunque me equivoque.
Aunque me canse.
Aunque nadie más lo vea.
Yo lo sé. Yo me reconozco. Y eso es suficiente.
¡Feliz Día de las Madres, querida mamá! No sólo hoy.
Todos los días, desde ese primer latido.
Con profundo respeto, admiración y compromiso profesional por tu labor, una pedagoga que cree en ti y camina a tu lado.

Con cariño y verdad,
Angélica Nepomuceno.
Pedagoga.
Colaboradora en Magazine Mujer Consciente.
Especialista.
Pedagoga especialista en Crianza Consciente desde el Amor: Estrategias simples para una formación integral socioemocional y pedagógica en la primera infancia».



