No nací para romper reglas, nací en un mundo roto.

Cómo proteger a las mujeres para que no se corten.

Me dijeron que no era un camino para mujeres, que no iba a soportarlo. Que mejor eligiera algo “más seguro”. Pero nadie me enseñó a rendirme, cada obstáculo, cada duda, cada puerta cerrada me fue formando. No llegué aquí por suerte, llegué aquí por que decidí no retroceder. Hoy no cuento sólo mi historia… sino la presencia de muchas mujeres que aún no se atreven. Y si algo quiero dejar claro, es esto; No se trata de ser mujer criminalista, o la primera que hubo en México, se trata de abrir el camino para que muchas lleguen sin miedo a donde ellas quieran.

Hubo dudas, hubo miedos, hubo momentos en los que pensé en rendirme, pero justo ahí aprendí algo: Los límites que por ser mujer me ponían… no eran míos. Al principio no encajaba. En un mundo rudo, en un ambiente dominado por los hombres, en un lugar donde nadie esperaba verme.

Pero yo pensaba para darme fuerza “No vine a encajar, vine a destacar” y hoy puedo decir que el miedo no define tu camino. Lo define tu decisión de seguir. “Eso no es trabajo para mujeres “ eso fue lo primero que escuché y ¿Sabes qué? Tenían razón… Para las mujeres que piden permiso. Porque este camino no es para las que dudan, ni para las que esperan aprobación. Es para las que incomodan, para las que rompen, para las que no encajan.

No, no es machismo, es miedo.

Miedo a ver a una mujer entrar a espacios donde antes solo mandaban ellos. Miedo a que dejemos de pedir permiso. Miedo a que dejemos de ser “lo esperado” Porque cuando una mujer deja de encajar, se vuelve imposible de controlar… Y eso incomoda. Hoy no soy valiente por estar aquí. ¡Soy incomoda! Incomoda para un sistema que no estaba diseñado para mujeres como yo. Incomoda para quienes creen que tenemos que ser suaves y calladas. Yo elegí ser fuerte, aunque eso no les guste, y si eso molesta… voy por buen camino. Con toda confianza digo que no me “abrieron la puerta”… la empujé y aún ahora y muchas veces les incomoda que esté adentro.

En mi experiencia lo que más me interesa hoy es difundir temas de seguridad, capacitación, prevención, y atención a la seguridad de niñas y mujeres por que la seguridad debe de ser un derecho, no un privilegio.

La seguridad no debería ser una preocupación constante para los padres, para los esposos, para los hijos, pero lamentablemente lo es. La violencia de género es un problema social, no individual y a veces inicia desde la infancia con el acoso, normalización de conductas, silencios, dejando un impacto psicológico como la ansiedad, el temor, la baja autoestima, y un mundo roto por traumas.

¿Qué lugares presentan los principales riesgos que pueden enfrentar las mujeres?

  • En la calle: Acoso e inseguridad en el transporte.
  • En casa: Violencia familiar y abuso.
  • En línea: Ciberacoso y grooming.
  • En entornos escolares y laborales: Discriminación y hostigamiento.

EDUCAR NO ES LLENAR DE MIEDOS, ES DAR HERRAMIENTAS PARA VIVIR CON SEGURIDAD.

  • Educación emocional desde niñas. “Educar es prevenir la violencia”.
  • Enseñar límites, consentimiento y autocuidado.
  • Romper frases como “calladita te ves más bonita”.
  • Fomentar la confianza para hablar.
  • “No es una exageración, es prevención”.
  • “El silencio protege al agresor, no a la víctima”.

El papel de la familia y la sociedad.

  • Padres y cuidadores deben escuchar sin juzgar.
  • Nunca minimizar lo que sienten.
  • Crear entornos seguros.
  • Responsabilidad social, no es sólo una tarea de las mujeres. Es para todos.

Estrategias de seguridad.

  • Identificar situaciones de riesgo.
  • Confiar en la intuición.
  • Tener redes de apoyo.
  • Uso responsable de redes sociales.
  • Planes de emergencia.
  • Enseñar a decir NO sin culpa.

Empoderamiento y autoestima

  • La seguridad también viene del amor propio.
  • Fomentar seguridad emocional y toma de decisiones.
  • No normalizar la violencia.
  • La seguridad no sólo depende de la víctima, es un cambio cultural.
  • Invitemos a educar, proteger y actuar.

LA FAMILIA TIENE UN PAPEL CLAVE.

Escuchar sin juzgar, creer sin minimizar, acompañar sin imponer silencio. Cuando una niña siente que puede hablar se vuelve más fuerte frente al riesgo. Callar nunca protege, hablar sí.

Una niña segura de sí misma es más difícil de vulnerar. Porque una mujer que sabe lo que vale… no normaliza lo que duele.

Necesitamos educar con respeto, cuestionar conductas, dejar de justificar lo injustificable. Vivir sin miedo debe ser la pauta normal, proteger a niñas y mujeres no es un acto opcional, es una obligación colectiva, una sociedad que cuida a sus mujeres, es una sociedad que realmente avanza.

“El silencio protege al agresor la conciencia, la educación y la acción protege a las mujeres”.


Comparte este artículo:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Creemos en las historias que inspiran, en los proyectos que transforman y en las personas que entienden que el éxito verdadero se mide por el impacto que generan en otros.