La vida puede cambiar en un parpadeo.
Hay decisiones que pesan. Palabras que dejan huella. Acciones que, tarde o temprano, traen consigo una consecuencia, buena o mala. También existen días que terminan con el cansancio acumulado del trabajo, el estrés, las preocupaciones o los malos momentos vividos con quienes nos rodean.
Al llegar a casa, el cuerpo descansa, pero la mente continúa trabajando. Mientras intentamos dormir, seguimos organizando la agenda del día siguiente, repasando pendientes, imaginando conversaciones o resolviendo problemas que todavía no ocurren.
La noche parece larga y el descanso nunca resulta suficiente. Al abrir los ojos, antes incluso de agradecer un nuevo día, la mente ya ha retomado la lista de obligaciones que dejó preparada la noche anterior. Nos levantamos con prisa, convencidos de que permanecer un minuto más en la cama es tiempo perdido. Pensamos que disfrutar el desayuno podría aprovecharse mejor respondiendo correos o revisando la agenda.
Cuando llega el momento de detenernos unos segundos para despedirnos de quienes amamos, muchas veces elegimos salir corriendo porque creemos que llegaremos tarde.
Pero… ¿alguna vez te has preguntado si existen cosas para las que ya es demasiado tarde?
Nos equivocamos cuando creemos que siempre habrá tiempo para reconciliarnos, para pedir perdón o para decir cuánto queremos a alguien. Nos equivocamos cuando vivimos a toda prisa, cuando llenamos la mente de ruido y olvidamos detenernos a contemplar un amanecer, admirar un atardecer, agradecer el instante presente o simplemente reconocer el privilegio de estar aquí.
Vivimos pensando en un futuro que todavía no existe. Con frecuencia nos sentimos invencibles. Creemos que «a mí no me va a pasar». Pensamos que somos demasiado jóvenes, que gozamos de buena salud o que una vida disciplinada nos protege de cualquier imprevisto. Aunque cuidar de nosotros mismos siempre será valioso, la vida nunca ha prometido certezas.

La vida es tan frágil que puede cambiar en menos de lo que dura un parpadeo.
Nadie sabe cuando ni donde aparecerá ese instante capaz de transformar por completo una historia. Nadie tiene en su agenda, ni en sus sueños más anhelados, despertar entre paredes blancas, sábanas frías y el sonido constante de máquinas que recuerdan lo delicada que puede ser la existencia.
Te aseguro si tú o yo supiéramos que hoy será el día en que todo cambiará, probablemente tomaríamos decisiones distintas. Tal vez abrazaríamos por más tiempo. Tal vez saldríamos de casa sin prisa. Tal vez dejaríamos de posponer tantas cosas importantes. Pero la vida no nos concede ese privilegio. Nos invita a vivir sin conocer el siguiente capítulo.

Por eso, hoy expresa tu amor y tu gratitud a las personas que forman parte de tu vida. No salgas de casa sin despedirte. No porque el miedo deba dirigir tus pasos, sino porque cada nuevo amanecer es un regalo que pocas veces reconocemos mientras lo estamos viviendo.
Pero, sobre todo, detente unos minutos cada mañana. Respira sin prisa. Observa la vida que habita en ti y agradece aquello que hoy parece tan cotidiano que has dejado de verlo.


Vivimos convencidos de que el mayor tesoro es el tiempo que tenemos por delante, cuando en realidad el único tiempo que alguna vez nos ha pertenecido es este instante.

Quizá nunca podamos evitar aquello que cambiará nuestra historia. Pero sí podemos decidir que, cuando ese día llegue, no nos encuentre con abrazos pendientes, palabras sin decir o una vida que pasó demasiado rápido para ser verdaderamente vivida.
La habitación donde nadie planeó despertar no siempre está al final de una tragedia. A veces es el lugar donde comprendemos que la vida nunca nos pidió correr más, sino aprender a vivir mejor antes de que el tiempo siguiera su camino sin esperarnos.
Es probable que esta habitación no sea el lugar más anhelado para ninguno de nosotros. Sin embargo, puede convertirse en un espacio de encuentro humano, de reconciliación contigo mismo y de redescubrimiento del amor por tu propia vida y por todo aquello que te rodea.
Quizá estas paredes, llenas de sonidos que nunca imaginaste escuchar, logren apagar el ruido de aquellos pensamientos que antes parecían catastróficos. Tal vez sea aquí donde descubras que muchas de las preocupaciones que ocupaban tu mente han perdido importancia frente al simple privilegio de respirar, de abrir los ojos y de seguir aquí.
Sea cual sea tu historia, recuerda ser valiente, resistir y agradecer a cada una de las manos que hoy cuidan de ti; a quienes administran los tratamientos, alivian el dolor y ponen su conocimiento al servicio de tu recuperación. Mira también todos los hombros que tienes para recargarte, las personas que permanecen a tu lado cuando la vida se vuelve más difícil y la red de apoyo que, quizá hasta este momento, no habías alcanzado a dimensionar.
Porque, al final, la verdadera fortaleza no siempre consiste en seguir caminando solo, sino en reconocer el amor que nos sostiene cuando nuestras propias fuerzas ya no son suficientes.
Tu amiga Rosy Nieto. PD.MADY

Lic. Rosy Nieto
Especialista. Registro de marcas, patentes, derechos de autor
Miembro activo en nutrición, bienestar y cuidado de la salud. Herbalife México



