El poder de la educación emocional temprana.
La mitad de los problemas emocionales se incuban en la infancia temprana. Descubre cómo transformar la autorregulación y el apego en herramientas de vida para tus hijos.
Estudios globales señalan una cifra que merece atención: la mitad de los trastornos de salud mental comienzan antes de los 14 años. Sin embargo, en la crianza cotidiana suele asumirse que la salud mental es un asunto propio de adolescentes o adultos. La realidad es que las bases del bienestar emocional comienzan a construirse desde los primeros meses de vida.
Tras periodos de aislamiento, cambios drásticos de rutina y estrés familiar acumulado, cada vez más niños entre los 0 y 12 años manifiestan dificultades para autorregularse, ansiedad infantil, problemas de apego o conductas disruptivas. En las aulas, los docentes también reportan una disminución en la preparación emocional básica y un incremento en las derivaciones a apoyo especializado. Aquello que no se atiende durante la infancia temprana puede manifestarse con mayor intensidad en etapas posteriores, incluida la adolescencia.
Cuidar la salud mental infantil no significa evitar que los niños sientan tristeza, rabia o frustración, sino enseñarles a transitar esas emociones de forma segura. En el marco de la conmemoración del Día Mundial de la Salud Mental, bajo el enfoque de empoderar, conectar y cuidar, la educación emocional se consolida como una valiosa herramienta de prevención.


Enseñar a un niño a nombrar lo que siente desde sus primeros años puede contribuir al desarrollo de relaciones más sanas, mayor resiliencia y mejores recursos para afrontar los conflictos. La regulación emocional no se desarrolla de manera aislada: se aprende también mediante la corregulación con los adultos de referencia.

Estrategias prácticas para aplicar en casa
- Crea el “rincón de la calma”. Diseña un espacio físico cómodo con cojines, elementos sensoriales o cuentos. No es un lugar de castigo, sino un refugio seguro que permita disminuir la intensidad emocional antes de hablar.
- Aprovecha la literatura y el cine. Utiliza historias o películas centradas en emociones para ayudarles a poner nombre a lo que sienten. Preguntar “¿Cómo crees que se siente el personaje?” facilita la empatía y la identificación personal.
- Incorpora rutinas de pausa y respiración. Implementa ejercicios sencillos de respiración consciente, como “soplar la vela” u “oler la flor”, antes de dormir o en momentos de tensión.
- Nombra la emoción sin juzgar. Sustituye el “no pasa nada” por expresiones como “veo que estás frustrado y es normal sentirse así”. Validar lo que sienten es un primer paso para favorecer la autorregulación.



Angélica Nepomuceno
Pedagoga especialista en educación temprana.
Colaboradora en Magazine Mujer Consciente, especialista en Crianza Consciente y estrategias simples para una formación integral socioemocional en la infancia.
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