Hablar de las poblaciones trans y de nuestras problemáticas es muy complejo. Hablamos de vidas coartadas desde que iniciamos el descubrimiento de ser mujeres, con muchos factores en nuestra contra: violencia sexual, familiar, escolar, laboral y religiosa. Nos castigan y nos culpan por todo aquello que la misma sociedad nos quita.

Muchas veces, aun preparadas y con un título en la mano, se nos niega el derecho a trabajar por nuestra expresión de género.

¿Qué ocurre cuando, desde que amanece hasta que anochece, se te dice una y otra vez: “Tú nunca serás una mujer. Tú no te pareces en nada a una mujer”?

Incluso tus propias amigas pueden repetírtelo. Eso crea miedo a no encajar en esta sociedad binaria, que constantemente nos dice cómo debemos ser o cómo debemos parecer para ser consideradas mujeres.

Esa presión puede volverse obsesiva. Muchas, sin dinero y buscando una alternativa aparentemente accesible, optamos por lo que parece más fácil y, en teoría, más barato. Pero, a la larga, puede salirnos muy caro.

Es entonces cuando algunas acudimos con esos “carniceros de la belleza” que no se tientan el corazón para poner en riesgo una vida humana. Muchas veces te dicen, con engaños: “Es colágeno, no te va a pasar nada”. Así ocurrió en mi caso. Hasta hoy, nunca supe con certeza qué fue lo que introdujeron en mi cuerpo.

Después pueden aparecer reacciones, inflamación y otros problemas. También escuchábamos recomendaciones sobre distintas sustancias o productos que supuestamente no representarían un peligro.

Y así, poco a poco, muchas terminamos recurriendo a sustancias que pueden perjudicar nuestra salud y nuestras vidas.

Ese es uno de los precios que llegamos a pagar por querer ser nosotras mismas y evitar el rechazo. Y muchas veces lo hacemos sin saber realmente qué nos están introduciendo en el cuerpo.

He visto caer a muchas víctimas de estas prácticas.

La primera vez que empecé a tener problemas con los modelantes corrí al Hospital General. La doctora que me atendió no sabía a dónde trasladarme. Me dio naproxeno y, afortunadamente, la inflamación cedió.


Necesitamos buscar protocolos efectivos que puedan ayudarnos, porque este problema puede destruir nuestra calidad de vida. Muchas de nosotras llegamos a preguntarnos: “¿Cuándo me tocará a mí?”.

Porque, si les digo la verdad, es doloroso ver heridas en la piel que tardan mucho en cicatrizar. También es doloroso ver a compañeras que amo con sus cuerpos profundamente afectados por estas prácticas.

Por eso es tan importante hablar de esta realidad y compartir información. La información puede ayudarnos a prevenir daños. Ahora nos damos a la tarea de informar para que estas historias no se repitan.

Siempre mujeres.
Mujeres trans.
Denisse Valverde


Denisse Valverde Iturralde

Defensora de los derechos de Las personas, trans y presidenta de reparación histórica y Repetrans.

Facebook: denissexi valverde

Teléfono: 56 1537 0777.

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