De caminar en una pasarela a enseñarles a caminar hacia sus sueños

Durante mucho tiempo pensé que mi lugar estaba frente a un espejo, aprendiendo a caminar, a cuidar mi postura, a maquillarme y a proyectar seguridad. Como muchas mujeres que hemos pasado por el mundo del modelaje, tuve profesores, maquillistas, estilistas y personas que, de una u otra manera, contribuyeron a construir conmigo la mujer que hoy soy.

Pero hace unos días decidí cambiar el papel. Esta vez quería estar del otro lado.

Así nació mi academia de empoderamiento femenino en Iztapalapa, un espacio donde imparto clases de pasarela, postura, automaquillaje, proyección personal, creación de currículum y preparación para entrevistas laborales.

Al principio pensé que estaría enseñando técnicas que yo misma había aprendido con los años. Lo que no imaginaba era que terminaría aprendiendo tanto de las mujeres que hoy tengo frente a mí.

Recuerdo las primeras clases: algunas llegaban tímidas, otras con inseguridad y algunas simplemente sin saber qué esperar. Poco a poco comenzaron a cambiar las cosas: una postura más firme, una mirada diferente, una caminata con mayor seguridad, una voz que empieza a escucharse más fuerte.

Son pequeños detalles, pero yo sé lo que significan, porque detrás de cada paso hay una mujer que está comenzando a creer un poco más en sí misma.

Y eso es justamente lo que quiero construir.

Para mí, empoderar a una mujer nunca ha significado enseñarle a ser perfecta. Significa darle herramientas para que pueda reconocerse, confiar en sus capacidades y atreverse a ocupar el lugar que merece.

Una pasarela puede enseñarnos a caminar, pero también puede enseñarnos a no encogernos frente al mundo. Un currículum puede ayudarnos a conseguir un empleo, pero también puede recordarnos todo lo que somos capaces de hacer.

Lo más bonito de este proyecto es que aquellas mujeres que llegaron como alumnas poco a poco se han convertido en amigas. He comenzado a conocer sus historias, sus sueños, sus inseguridades y sus metas.

Entonces entendí algo que antes quizá no veía con claridad: ahora estoy viviendo lo que alguna vez vivieron mis profesores, maquillistas y estilistas al verme crecer.

Ahora soy yo quien observa ese proceso desde el otro lado.
Y amo verlo.


Amo ver cómo una mujer que al principio dudaba de sí misma comienza a caminar diferente; cómo alguien que tenía miedo de hablar empieza a levantar la voz; cómo una alumna se mira al espejo y, en lugar de buscar sus defectos, comienza a reconocer sus cualidades.

Quizá ese sea el verdadero significado de cambiar el papel.

Antes quería aprender a caminar por una pasarela. Hoy quiero enseñar a otras mujeres a caminar por la vida con seguridad.

Y si algo he aprendido en este proceso es que no siempre necesitamos que alguien nos diga que somos las mejores. A veces solamente necesitamos que alguien crea en nosotras mientras aprendemos a creer en nosotras mismas.

Por eso quiero que esta academia sea más que un lugar para aprender pasarela, maquillaje o preparación laboral. Quiero que sea un espacio donde las mujeres de Iztapalapa puedan descubrir que tienen talento, capacidades, sueños y una voz que merece ser escuchada.

Porque quizá algún día, cuando ellas estén frente a su propio espejo, recuerden estas clases y comprendan que nunca se trató solamente de aprender a caminar.


Frania Olguín

Líder Juvenil.

Estudiante de Ciencias Políticas.

Agente de Cambio Social con una visión clara de incidir en la construcción de políticas públicas.

Whatsapp: 55 7288 0654

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