
A pocos meses de terminar el año, muchas personas comienzan a estresarse y a pensar en los cambios que deseaban realizar. Sin embargo, lograr un cambio radical en doce meses no es sencillo, ya que requiere atravesar diferentes etapas. Con frecuencia encontramos métodos que hacen parecer fácil transformar nuestra vida en determinado tiempo: adquirir hábitos en veintiún días, pasar del punto A al punto B o simplemente tomar la decisión de cambiar.
Estamos hablando, sin embargo, de personas que han aprendido durante toda su vida a partir de su entorno. Validamos aquello que conocemos como seguro, aprendemos que esa es la manera correcta de hacer las cosas y, con el paso del tiempo, construimos hábitos, pensamientos y comportamientos que terminan formando parte de nuestra manera de ser.
Probablemente hemos conocido a una persona a quien no le enseñaron a compartir y que, desde nuestra perspectiva, puede ser juzgada porque crecimos en un entorno diferente, donde compartir era algo normal. Este ejemplo nos permite comprender que entender por qué una persona se comporta de determinada manera es mucho más complejo que simplemente señalarla y esperar que cambie de la noche a la mañana. Detrás de cada comportamiento existe una historia, un aprendizaje y una estructura que lo sostiene.


Es precisamente aquí donde podemos establecer una relación entre el cambio individual y el cambio dentro de una organización. Las personas, al igual que las organizaciones, desarrollamos estructuras que, con el tiempo, se vuelven parte de nuestra manera habitual de actuar. Por ello, me parece importante comparar lo que ocurre dentro de una organización con lo que sucede de manera individual en cada persona.

Kurt Lewin, al estudiar los procesos de cambio dentro de las organizaciones, plantea la existencia de dos fuerzas que mantienen un sistema en equilibrio. Por un lado, están las fuerzas impulsoras, aquellas que favorecen y promueven el cambio; por otro, las fuerzas restrictivas, que se resisten a él y buscan mantener las cosas como están. Si trasladamos este planteamiento al ámbito personal, podemos reconocer que nosotros también experimentamos estas dos fuerzas: una que nos impulsa a avanzar y otra que nos lleva a permanecer en aquello que conocemos y consideramos seguro.
Para explicar este proceso, Lewin propone tres etapas: descongelamiento, movimiento y recongelamiento.
El descongelamiento consiste en preparar a la organización para el cambio, crear conciencia y comenzar a romper con las estructuras existentes. Se cuestionan creencias, normas y procesos que ya no son favorables y se abre espacio para nuevas formas de hacer las cosas.
El movimiento representa el momento en que comienzan a incorporarse esos cambios. Utilizando la metáfora del hielo, aquello que estaba congelado comienza a transformarse en agua: adquiere movimiento y puede adaptarse a una nueva forma.
Finalmente, el recongelamiento ocurre cuando los nuevos comportamientos y procesos se consolidan dentro de una nueva estructura.
Si llevamos este modelo a nuestra propia vida, podemos comprender que, así como una organización busca mejorar y adaptarse, nosotros también estamos en constante interacción con nuestro entorno laboral, familiar, social e individual. Por ello, cuando buscamos una transformación personal, necesitamos reconocer las fuerzas que nos impulsan y aquellas que nos mantienen en el mismo lugar.
Cambiar no significa solamente adquirir nuevos hábitos; también significa cuestionar aquello que durante años hemos considerado normal.
Necesitamos descongelarnos para romper con creencias, hábitos y pensamientos que ya no nos permiten avanzar; entrar en movimiento para aprender y experimentar nuevas formas de actuar; y, finalmente, recongelar aquellos nuevos hábitos que queremos convertir en parte de nuestra vida.
No importa si avanzamos rápido o lento. Lo importante es comprender que, así como una organización necesita adaptarse, nosotros también necesitamos evolucionar. Como seres humanos, no somos un producto terminado y la vida nos exige estar en constante construcción. Por ello, quizá nuestra transformación no consista en cambiar una sola vez, sino en aprender a descongelarnos, movernos y reconstruirnos cada vez que sea necesario.

Rosy Nieto
Especialista en registro de marcas, patentes y derechos de autor.
Miembro activo en nutrición, bienestar y cuidado de la salud. Herbalife México.
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