La búsqueda infantil de experiencias sanas y divertidas

Esta película mexicana de 1969, perteneciente al gran cine mexicano, cuenta con las actuaciones de Juliancito Bravo, Nino del Arco (actor español) y la primera actriz Dacia González. También participan Eduardo Alcaraz, Memo Álvarez, Raúl Padilla, Raúl Meraz, Vic Blanco, Dagoberto Rodríguez, Betty Baz y Susana Cabrera. La dirección estuvo a cargo de don Roberto Rodríguez.
Es el tipo de historia con la que crecimos quienes pertenecemos a la generación X: cine familiar y de aventuras, sin olvidar las películas románticas, de enredos o de luchadores que se enfrentaban a vampiros y momias.
En estos días, cuando la temática del cine mundial atraviesa una evolución y, en algunos casos, una involución, películas como esta nos recuerdan la importancia de abordar temas que nutran el amor, la lealtad y los valores familiares. Aunque hoy existen distintos tipos de familia, estos valores pueden estar presentes en todas ellas. La historia también destaca la unión y la solidaridad más allá de la nacionalidad o la condición social.
A partir de aspectos primordiales como la seguridad, la vida y una búsqueda sana y divertida, estos dos personajes nos muestran el valor de la curiosidad y del cuidado de la flora y, en este caso, de la fauna, representada por “Yaqui”, el perrito bóxer acapulqueño.

La película contrasta desde el inicio la playa del puerto con la gran megalópolis de la Ciudad de México, entonces Distrito Federal, presentada hasta cierto punto como un espacio despersonalizado. Frente a ello, la amistad aparece como un factor de cambio espiritual hacia lo bueno, lo sagrado y el reencuentro con nosotros mismos, así como hacia la urgente necesidad de unir criterios y acciones por el bien común.
Dacia González interpreta a la madre costeña que, contra viento y marea, encuentra apoyo en la búsqueda del travieso Pepe. Betty Baz representa también ese amor materno, independiente de la nacionalidad, en su esfuerzo por recuperar a su hijo Juanito.
Los niños huyen mientras buscan regresar con sus padres. Viajan como polizontes, buscan comida donde pueden encontrarla y escapan de unos cazafortunas que, al enterarse de la búsqueda, se unen a ella en parte por humanidad, pero también por el interés en la recompensa ofrecida por Juliancito.

Es una película atemporal, de valor universal, con actuaciones memorables y un fuerte énfasis en los principios de subsistencia y solidaridad, además del amor de madres y padres por sus hijos.

No les cuento el final, pero véanla. Es una película divertida, perteneciente a una etapa del cine mexicano que vale la pena recordar. Puede servir como ejemplo de aquello que debemos promover para reencontrarnos, en la realidad, con nuestra humanidad compartida.

Por Izcalotl Flores Torres
Para la revista MMC
Dedicado a mi padre Ramón y su mejor amigo, Raúl (“Julián y Nino, (Pepe y Juanito)”)

Izcalotl Flores Torres
Licenciado en Comercio Internacional
Empresario (gestión de proyectos productivos) y cineasta, Enterprising International y Jaguar Negro Films
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